Boletín de la Sierra Madre No. 77

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De picadura de serpiente hasta sillas de ruedas de niños:
cerrando el círculo

tofo lo que va... vuelve - parte 1Cuando por primera vez escribí Donde No Hay Doctor a principios de los años 70, nunca pensé que ese manual para la atención primaria de la salud iba a ser usado fuera de los rumbos remotos de la Sierra Madre, en México, dónde los campesinos y yo habíamos establecido un programa de salud en el campo. De hecho, lo empecé a escribir en el español local, con sus toques indígenas y mestizos en algunas palabras. (Ese era el único español que sabía, ya que nunca lo estudié en la escuela). Nunca imaginé que el libro terminaría siendo traducido a más de 90 idiomas, o siendo aclamado por la Organización Mundial de la Salud como “posiblemente el manual de cuidado de la salud en la comunidad más usado del mundo”.

 

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The purpose of Where There is No Doctor is to share healthcare information in language and pictures anyone can understand.
El propósito de Donde No Hay Doctor es compartir información sobre el cuidado de la salud con un lenguaje y dibujos que todos puedan entender.

Ciertamente el manual – y otras guías y textos que han surgido de esta “lucha por la salud” en la Sierra Madre – han sido usados a lo largo y a lo ancho del planeta. Con los años, hemos recibido respuestas maravillosas e inesperadas. En este boletín me gustaría compartir algunos ejemplos del tipo de respuestas que hemos tenido, y contar como algunas de las ideas y métodos que exploramos han sido elegidos y adaptados en otros lugares y circunstancias. A veces parecen como piezas distantes en un rompecabezas, o segmentos de un círculo, encontrándose casualmente de maneras extrañas y sorprendentes. El siguiente ejemplo se remonta todo el camino desde mi adolescencia!

1NL77-B-01-02 Rattlesnake drawingDesde hace algún tiempo he estado trabajando en una especie de autobiografía: una colección de historias que me gustaría dejar. Este verano pasado estaba escribiendo sobre aquella vez, a principios de los años 50, en que me picó una serpiente de cascabel. Yo, junto con otro profesor de la Peninsula School de Menlo Park, en California, llevamos a un grupo de niños a una excursión sobre historia natural en el Mount Hamilton. En el bosque descubrimos una preciosa serpiente de cascabel del Pacífico.  Mientras estaba enseñando a los niños como agarrar y manejar de manera segura a la serpiente venenosa, me picó. Después de complicarse por una serie de errores – propios primero y luego del hospital en San Jose – la picadura casi me cuesta la vida. Estoy convencido de que lo que me salvó fue el uso de la crioterapia: la aplicación de bolsas de hielo a la extremidad donde picó la serpiente.

En el hospital, no me proporcionaron ningún tratamiento eficaz hasta que sugerí el uso de la crioterapia (bolsas de hielo). Durante las primeras horas en la sala de urgencias mi estado pasó de mal a peor. El único antídoto anti-víboras que tenían a mano había caducado tres años atrás. Y para extraer el veneno de la mordedura, el único aparato de succión disponible era un sacaleches – que resultó inútil, pues la picadura estaba en mi pulgar. Los intentos de la enfermera para envolver el sacaleches a mi pulgar solo sirvieron para esparcir el veneno más rápidamente hacia mi brazo. Igualmente, otras medidas que los médicos tomaron tampoco sirvieron. La severa hinchazón en mi mano iba avanzando hacia mi brazo, acompañada de una sensación de quemazón, como si tuviera el brazo sumergido en agua hirviendo. Cuando empecé a sentir un hormigueo en mis labios y en mi otra mano supe que tenía un problema serio. Lo peor de todo era la vertiginosa y dolorosa presión en la cabeza, parecía que estuviera siendo aplastada constantemente por una prensa. Esta era mi situación cuando supliqué a los médicos que envolvieran mi mano en hielo.

Scorpion in the genus Centuroides
Los alacranes del género Centuroides, aunque parezcan delicados, son los más letales de México y el suroeste de Estados Unidos.

La primera vez que escuché hablar sobre la crioterapia para picaduras de serpiente fue en el 1953. Recién salido del instituto, un amigo y yo hicimos una expedición biológica de seis meses por las zonas salvajes del oeste de México. Antes de emprender la aventura, habíamos contactado con algunos zoólogos y botánicos para recolectar ejemplares de diferentes plantas y criaturas en las que estaban especializados, desde moscas a saltamontes, grillos, lagartos o cactus.

Dr. Herbert Stahnke preparing scorpion serum.
El Dr. Stahnke preparando suero de alacrán.

El especialista para el que recolectamos alacranes vivos era el Dr. Herbert Stahnke, un toxicólogo de la Universidad de Arizona en Phoenix. El Dr. Stahnke estaba realizando una investigación pionera en el desarrollo de un antídoto polivalente para las picaduras de alacrán. Para tal fin necesitaba una gran variedad de alacranes vivos, y nosotros hicimos todo lo posible para satisfacer sus necesidades. En el proceso nos hicimos amigos.

El Dr. Stahnke también estaba elaborando una investigación innovadora sobre el tratamiento para las picaduras de serpiente. A través de estudios controlados con perros, descubrió que uno de los tratamientos más efectivos para tratar el envenenamiento por picadura de serpiente era la crioterapia. La aplicación de frío no solamente reducía la tasa de mortalidad, sino que también reducía de forma significante la incidencia y gravedad de daño tisular local (necrosis). El Dr. Stahnke había publicado estos descubrimientos en revistas médicas, pero nunca había logrado convencer a la comunidad médica del valor de la crioterapia para tratar picaduras de serpiente.

Blistering and severe tissue damage (necrosis), which commonly results from snake venom
Las ampollas y el daño tisular severo (necrosis), resultado habitual del veneno de serpiente, pueden ser ampliamente prevenidos con la crioterapia. Sin embargo, un exceso de exposición al frío (dejando el hielo puesto demasiado tiempo) también puede causar daño tisular. Pero esto se puede prevenir si se deja que la persona que tiene la picadura pida cuando aplicar y cuando sacar el hielo, según su dolor – confort.

Cuando, en el hospital San Jose, rogué a los médicos a usar crioterapia para mi picadura, primero se mostraron reacios. Pero cuando les conté sobre las extensas investigaciones y publicaciones del Dr Stahnke, aceptaron al menos intentarlo. Una enfermera envolvió mi mano y mi brazo en hielo picado, con cuidado de mantener el hielo en una bolsa de plástico envuelta en una toalla, para prevenir el contacto directo del hielo con la piel.

Los resultados del tratamiento con hielo fueron rápidos e impresionantes. En cinco o seis minutes, el dolor y quemazón en mi mano y en mi brazo empezaron a disminuir, y en pocos minutos la presión aplastante en mi cabeza se redujo. En 15 minutos más o menos me sentí casi normal, a excepción de la fatiga.

Pero después, cuando pasaron unos minutos más, me empecé a sentir mal de nuevo. Mi mano y brazo enfriados empezaron a doler del frío, y el dolor se intensificó gradualmente. Así que le pedí a la enfermera que quitara el hielo un rato – y lo hizo. El dolor producido por el frío disminuyó rápidamente y de nuevo me sentí relativamente bien por unos minutos. Pero entonces, gradualmente, la sensación de quemazón reapareció, junto con la sensación de presión en mi cabeza. Así que le pedí a la enfermera que aplicara de nuevo las bolsas de hielo. Lo hizo. Y como en la vez anterior, la quemazón y presión se redujeron.

Los médicos estaban tan impresionados con mi estabilización que me pasaron de urgencias a planta, con instrucciones de continuar intermitentemente con las bolsas de hielo, a petición mía. De esta manera la crioterapia continuó a intervalos durante toda la noche y la mañana siguiente – un tiempo en el que me sentí relativamente bien.

Hacia el mediodía del día siguiente, sin embargo, por alguna razón la crioterapia terminó. Después de quitar el hielo por última vez, en unos minutos, como siempre, la sensación de quemazón empezó a volver. Pero cuando le pedí a la enfermera que aplicara las bolsas de hielo de nuevo, ella se negó, y dijo que ya no tenía órdenes del doctor para seguir haciéndolo.

Entonces fue cuando mi peor sufrimiento empezó. La sensación de quemazón se extendió más y más intensamente por mi brazo. Con ella vino una hinchazón intensa, que gradualmente se extendió por mi brazo y por toda la parte superior de mi cuerpo. La presión aplastante se intensificó en mi cabeza, la cual sentía al margen de explotar como una calabaza demasiado madura.

Mi mente estaba cada vez más borrosa. Desde media tarde hasta la mañana siguiente no recuerdo casi nada. A la mañana siguiente me acuerdo de estar acostado en mi cama, totalmente incapacitado: incapaz de moverme, de hablar, o ni siquiera de abrir los ojos. La sensación de quemazón en la parte superior de mi cuerpo y la presión en la cabeza seguían ahí, insoportables aunque de algún modo también distantes, como si mi cuerpo fuera el de otro. Vagamente escuché las voces de los médicos alrededor de mi cama, comentando la gravedad de mi situación y mis posibilidades de vivir o morir. Yo quería pedirles desesperadamente que me pusieran de nuevo las bolsas de hielo. Pero no podía decir nada. Ellos pensaban que estaba en coma.

Por lo que sé, pude estar comatoso una parte del tiempo. De lo qué pasó los dos días siguientes, tengo muy pocos recuerdos. Pero finalmente, al cuarto o quinto día, poco a poco empecé a mejorar. La hinchazón y el dolor disminuyeron. Para el décimo día me dieron el alta del hospital.

Esta experiencia, junto con mis conocimientos sobre la investigación del Dr. Stahnke, me hizo dar cuenta del potencial de la crioterapia para salvar vidas de picaduras de serpientes. Años después, en nuestro programa de salud basado en la comunidad en la Sierra Madre de México, empezamos a usar la crioterapia en el tratamiento de picaduras de serpiente (a menudo sin ningún antídoto, debido a su alto precio) con resultados notablemente buenos. Incluso con picaduras de la peligrosa serpiente cascabel diamantada, si el tratamiento con hielo se empezaba pronto, no solo no había casi ninguna muerte sino que la hinchazón y el dolor eran mínimos. Además, con la aplicación de hielo no había prácticamente necrosis local (destrucción del tejido a causa del veneno), que es una complicación grave y frecuente de la picadura por serpiente de cascabel diamantada.

Handling a rattlesnake with more caution
Después de que me picara la serpiente de cascabel, tendí a manejar estas serpientes con mucha más precaución – como en este caso con una serpiente de cascabel roja en la Pacific High School.

El secreto del éxito con la crioterapia

El secreto para un resultado óptimo con la crioterapia para picaduras de serpientes, creo, es que las bolsas de hielo son aplicadas y quitadas a demanda. Es la persona que recibió la picadura, guiada por sus sensaciones, quien debería poder decidir cuándo hay que poner el hielo, cuando quitarlo, y cuando ponerlo de nuevo.

Desgraciadamente, los protocoles establecidos en la medicina occidental no recomiendan la crioterapia para la picadura de serpiente de cascabel, sino que alertan contra su uso. En los libros de texto está contraindicada, dicen, por su alto riesgo de daño tisular severo a causa del hielo.

Sospecho que este “alto riesgo de daño tisular” a causa del tratamiento con hielo viene en gran parte de la arraigada preferencia de los médicos por tener el control completo – especialmente cuando hay preocupación por un riesgo iatrogénico. Típicamente, los médicos prefieren dar órdenes estándar, escritas en una tabla, mandando – en este caso – cuando aplicar o retirar el hielo. La opción de dejar al “paciente” decidir, subjetivamente, cuando aplicar o quitar el hielo, daría el control para tomar decisiones cruciales al paciente más que al médico. Efectivamente, se redistribuye y se iguala el poder de toma de decisiones. El proveedor y el recibidor de asistencia médica se convierten en compañeros en el proceso de resolver los problemas.

Este compartir por igual el conocimiento sobre cómo hacer las cosas, permitiendo a la gente cuidar de su salud y de la de los demás, es la filosofía (y la política) subyacente en Donde No Hay Doctor.

Contacto Fortuito con el Viper Institute (Instituto de las víboras)

Este pasado verano, mientras escribía la historia de la picadura de la serpiente para mi autobiografía, no podía recordar cómo se escribía el nombre del Dr. Stahnke. Quería ensalzar su nombre y su investigación por haber, seguramente, salvado mi vida. Busqué en Google nombres como “Stonkey” – pero no encontré nada. Entonces, cuando ya pensaba que no tenía posibilidades de encontrar algo, escribí “antídoto para alacranes”. Apareció un proyecto de investigación sobre un antídoto en el llamado “Viper Institute” (Instituto de las víboras) en la Universidad de Arizona en Tucson. Mandé un email a la dirección de contacto.

A la mañana siguiente, recibí una respuesta de la directora del Viper Institute, la Dra. Leslie Boyer, que empezaba:

“Buenos días, David!

Es un auténtico placer conocerte. Una vez di un ejemplar de Donde No Hay Doctor a un minero del oro en una zona rural de Chihuahua, y la conversación que tuve con él influyó en mi carrera profesional de una manera que todavía hoy, 20 años más tarde, la puedo sentir.”

Dr. Leslie Boyer
Dra. Leslie Boyer – fundadora y directora del Viper Institute en la Universidad de Arizona.

Resulta que la Dra. Boyer estaba de hecho familiarizada con el trabajo del Dr. Herbert Stahnke y tenía un gran respeto por él. El Dr. Stahnke tiene un lugar destacado en una publicación reciente de la Dra. Boyer titulada “Una historia sobre el antídoto contra el veneno de alacrán.” Cuando ella supo que yo había conocido al Dr. Stahnke y recolectado alacranes para él 62 años atrás, se mostró encantada de comparar apuntes. Esto llevó a un amistoso intercambio de emails, llamadas telefónicas y conversaciones por Skype, que todavía siguen.

En uno de estos intercambios le pregunté a Leslie Boyer que me contara sobre el minero de Chihuahua y sobre como el hecho de haberle ofrecido el libro de Donde No Hay Doctor había influenciado tan drásticamente en su carrera.

Ella me contó que 20 años atrás, cuando era una joven médico, había hecho unos cuantos viajes a comunidades rurales empobrecidas en México para ayudar con necesidades relacionadas con la salud. En aquellos viajes ella siempre llevaba ejemplares de Donde No Hay Doctor para dar a la gente.

Una vez, en una aldea remota del estado de Chihuahua, ella le ofreció un ejemplar del libro a un viejo minero. Sin embargo, el minero le dijo que ya tenía uno. Fue a su cabaña y volvió con una copia toda marcada del Donde No Hay Doctor. Él le contó que su familia la había usado para todo tipo de problemas de salud – normalmente con buenos resultados. Pero hubo una vez en que no estuvo tan seguro, cuando su mujer se enfermó mucho. Él quería preguntarle a Leslie, como médico, si había hecho lo correcto.

Le contó a la Dra. Boyer los detalles. Su mujer tenía una tos muy fea, con fiebre alta y dificultad para respirar. Él buscó entre las páginas de Donde y descubrió que probablemente su mujer padecía una pulmonía (neumonía). El libro ponía que debía darle penicilina. Así que lo hizo.

“Pero cómo conseguiste penicilina aquí en un lugar tan alejado?” le preguntó Leslie.
El minero explicó que cuando consiguieron su copia de Donde No Hay Doctor, ojeando a través de sus páginas vieron que era altamente recomendable que cada familia tuviera un botiquín básico de medicamentos esenciales y potencialmente capaces de salvar vidas. Así que en su siguiente viaje a la ciudad, compró la lista de medicamentos recomendados. Y cuando su mujer se enfermó, él rebuscó en su botiquín. Y, efectivamente, había un bote de pastillas de penicilina. Así que se las dio a su mujer tal como estaba indicado.

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Por suerte, en el botiquín que había armado el minero basado en las recomendaciones de Donde no Hay Doctor, encontró la penicilina, necesaria para tratar la neumonía de su mujer

“Y funcionó la penicilina?” preguntó la Dra. Boyer.

“No,” le respondió el minero. “Ella continuó tosiendo y luchando para respirar.”

“Pero obviamente sobrevivió,” dijo la Dra. Leslie, señalando a su mujer que preparaba las tortillas en la cocina exterior.

Sí, dijo el minero, pero fue por la voluntad de Dios. Cuando él le dio la penicilina a su mujer, no le hizo nada, explicó. Ella siguió tosiendo y respirando con dificultad. No empezó a mejorar hasta el día siguiente de que empezó a tomar las pastillas.

“Lo que el minero me contó, sobre cómo había curado la neumonía de su mujer con un simple manual y sin ayuda profesional,” dijo la Dra. Boyer, “me dio toda una nueva perspectiva sobre la salud y la curación.” Descubrió el potencial de la gente común para el auto-cuidado, sobre todo cuando tienen información básica presentada de forma clara y accesible.

Me gustó mucho la historia de la Dra. Boyer y el minero. Lo que me encantó sobre todo fue el hecho que la familia del minero hubiera prestado atención a la recomendación del libro de reunir un botiquín básico para urgencias médicas.  Tener este botiquín a mano, en este caso, probablemente le salvó la vida.

También me alegré de ver cómo la historia del minero había influenciado en la carrera de la Dra. Boyer. Ella siempre se dedicó a ayudar para que familias empobrecidas y aisladas tuvieran acceso a información y medicamentos que pueden salvar vidas en el momento y lugar donde son necesitados. Durante muchos años, su interés particular ha sido el de tratar las picaduras de alacrán, sobre todo en niños pequeños, para los cuales la tasa de mortalidad es muy elevada.

La lucha para tener un antídoto disponible

En su nuevo artículo “Historia del antídoto para alacrán: una visión desde Arizona”, la Dra. Boyer explica la frustrante, larga y ardua batalla para conseguir antídoto para aquellos que lo necesitan, y a un precio razonable. En Arizona cientos de niños son picados por alacranes cada año, y hoy todavía algunos mueren a causa de la falta de tratamiento adecuado y a tiempo.

Aunque ya hace décadas que hay un antídoto eficaz disponible en México, el acceso a los Estados Unidos ha sido bloqueado durante mucho tiempo por la Administración de Drogas y Alimentos en los Estados Unidos (FDA), la cual ha establecido unos requisitos de pruebas y de concesión de licencias tan exhaustivos y caros que sólo la empresa Big Pharma los puede cumplir. Las grandes empresas farmacéuticas tienden a dar largas en hacer disponibles productos con el potencial de salvar vidas con un potencial de mercado limitado. Y cuando lo hacen, los precios tienden a ser prohibitivos. En parte porque el mercado para el antídoto contra alacranes es relativamente pequeño, se ha retrasado mucho el poder conseguir antídotos que pueden salvar vidas a los niños a los que les ha picado un alacrán – sobre todo en lugares remotos.

En México, donde los alacranes están por todas partes y la gente recibe picaduras a menudo, un antídoto eficaz y a un precio razonable estuvo disponible mucho antes que en los Estados Unidos. Aun así, la importación a los Estados Unidos estuvo prohibida por ley federal durante décadas. Durante muchos años – y en algunos casos todavía ahora – niños en Arizona y Nuevo México han muerto a causa de la falta de un suero disponible y a un precio asequible.

Durante décadas, los hospitales y servicios sanitarios en Arizona han intentado organizar la importación legal del antídoto desde México, donde se usa en todas partes y lo llaman el anti-alacrán, pero casi siempre en vano.

 

Un monje desobediente al rescate

Father Emmett Mcloughlin
El padre Emmett sujetando un paquete del antídoto contra alacrán traído de México a través de la frontera.

Por suerte para decenas de niños que vieron peligrar su vida a causa de una picadura de alacrán, el monje franciscano llamado Emmett McLoughlin cometió desobediencia civil. Después de ver a un niño morir por la picadura de un alacrán por falta del antídoto, el padre Emmett empezó a trabajar con Herbert Stahnke. Él quería asegurarse que los niños víctimas de una picadura de alacrán recibieran el medicamento que necesitaban, incluso si eso significaba tener que saltarse la ley. Durante años, el padre Emmett pasó cantidades importantes del anti-alacrán de contrabando a través de la frontera entre México y los Estados Unidos, escondiéndolo en las anchas mangas de su hábito.

Finalmente, el padre Emmett fue descubierto. Su delincuencia benevolente llenó la prensa local, desencadenando un encendido debate. Un artículo en la revista Saga titulado “los contrabandistas piadosos de Arizona” decía:

“… la pregunta era: o bien respetar la ley, o bien incumplirla y salvar niños víctimas de la picadura letal del alacrán. Cual merece más consideración – la vida humana o la  tinta roja?”

Father Emmett in his smuggling outfit
El padre Emmett en su “traje de contrabandista”.

La jerarquía franciscana respondió a la rebeldía del monje ordenándolo a marchar de Arizona e ir a otro lugar. En lugar de eso, el padre Emmett colgó los hábitos para mantener su compromiso con la salud y los derechos de los pobres.

A lo largo de los años, el Dr. Stahnke tuvo éxito en desarrollar un antisuero de alacrán altamente funcional. Sin embargo, los costes y los requisitos exhaustivos de la FDA para aprobarlo fueron tan grandes que durante años el Dr. Stahnke y la Universidad Estatal de Arizona continuaron proporcionándolo de forma no oficial y sin coste en casos de emergencia. Pasaron muchos años hasta que, finalmente, la FDA aprobó el antisuero de alacrán en el mercado de los Estados Unidos. Pero incluso hoy, como indica la Dra. Boyer, los altos precios de los antídotos de Big Pharma, junto con los frecuentes desabastecimientos, hacen que a veces no esté disponible cuando las vidas de los niños víctimas de una picadura cuelgan de un hilo.

Posible reconsideración de la crioterapia

Uno de los resultados de mi encuentro fortuito con la Dra. Boyer fue que estimuló su interés en las posibilidades de la crioterapia para tratar picaduras de serpiente. Como toxicóloga familiarizada con las investigaciones del Dr. Stahnke y como directora del Viper Institute en la Universidad Estatal de Arizona, está en una posición excelente para investigar de nuevo las ventajas terapéuticas de la crioterapia para las picaduras de serpiente y demostrar que es relativamente segura cuando el hielo es aplicado y retirado a demanda. Si las virtudes de la crioterapia a demanda pueden ser confirmadas científicamente y se restaura el tratamiento en los protocolos médicos, podría marcar una diferencia en las tasas de supervivencia y en la prevención de necrosis en las picaduras por serpientes venenosas.

El dogma médico es reacio a los cambios, pero los cambios son necesarios para que el arte de la medicina evolucione.

Amigos en común: el nuevo programa de sillas de ruedas en Nogales

En mis conversaciones con la Dra. Leslie Boyer del Viper Project en Tucson, me preguntó en qué proyectos estaba metido en el momento. Entre otras cosas, le conté sobre el taller de sillas de ruedas en Duranguito, Sinaloa, México, dónde un equipo de personas discapacitadas hace sillas de ruedas personalizadas para niños con discapacidades. En escuchar esto, la Dra. Boyer me preguntó si por casualidad conocía al Dr. Burris Duncan en Phoenix, Arizona.

1NL77-C-01-ARSOBO logoLe dije que sí. Durante muchos años estuve en contacto con Burris – más conocido como Duke – sobre el incipiente programa comunitario para equipar a los discapacitados que él estaba empezando en Nogales, México. De hecho, el programa de Nogales – llamado ARSOBO (de Arizona Sonora Border (frontera)) – se había creado hasta cierto punto a partir de los programas PROJIMO en Sinaloa, México, en los que yo estuve intensamente involucrado (PROJIMO significa Programa de Rehabilitación Organizado por los Jóvenes Incapacitados de México Oeste). ARSOBO no solamente estaba en buena parte inspirado en el programa PROJIMO de Duranguito, Sinaloa, sino que el constructor principal de sillas de ruedas de ARSOBO era Gabriel Zepeda, un artesano parapléjico que durante muchos años fue el director de la tienda de sillas de rueda de PROJIMO en Duranguito.

“Pero cómo es que conoces a Duke Duncan?” le pregunté a la Dra. Boyer, soprendido de que conociera el programa de Nogales.

Ella me contó que hace mucho tiempo, cuando todavía estaba en el instituto, se había unido a los Amigos de las Américas, un programa de voluntariado juvenil en el que voluntarios adolecentes de los Estados Unidos pasan las vacaciones de verano en algún lugar de América Latina, dónde viven con una familia del lugar y ayudan proyectos de salud comunitaria o desarrollo. Lo que pasó, tal como me contó la Dra. Boyer, fue que el responsable de su proyecto de verano en Amigos de las Américas no era otro que Duke Duncan. De hecho fue el Dr. Duncan quien mostró a Leslie y los demás voluntarios mi libro de Donde No Hay Doctor…. qué pequeño es el mundo!

La casualidad hizo que el pasado noviembre del 2015 – justo unas semanas después que empazara mi contacto con la Dra. Boyer – tuviera un viaje planeado para visitar ARSOBO, invitado por Duke y Gabriel Zepeda. Iría acompañado de dos constructores de sillas de ruedas de PROJIMO, Duranguito. Así que hicimos planes con la Dra. Boyer para que ella y un grupo de sus estudiantes se encontraran con nosotros en Nogales.

Qué casualidad que toda esta cadena de eventos empezó porque no sabía cómo escribir el nombre del Dr. Stahnke!

En nuestro próximo boletín contaremos cómo fue nuestra visita a ARSOBO en Nogales, y el taller de sillas de ruedas conducido por Gabriel Zepeda, el líder original del taller de PROJIMO en Duranguito, Sinaloa, en el cual HealthWrights está estrechamente involucrado.


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