Boletín de la Sierra Madre Nº 75

15 de diciembre 2014

DE SER UN NIÑO CAMPESINO HASTA CIRUJANO OCULAR

Resumen

Este boletín al fin del año 2014 se trata de la historia de un joven campesino en México que, hace más de tres décadas, fue ayudado por un programa de salud rural en la Sierra Madre para que él pudiera continuar sus estudios. En esta historia, el joven se convirtió en un trabajador de salud, y después un doctor, y, finalmente, en cirujano ocular y profesor de oftalmología. Pero lo más notable es que nunca olvidó sus raíces. Él continúa hoy día proporcionando servicios a las personas desfavorecidas. Recientemente le pedimos su ayuda para un niño ciego a quien otros especialistas efectivamente lo habían rechazado.

Los esfuerzos para Restaurar la Vista de un Niño Ciego

Conocí a Ramón y a sus padres a través de Rigoberto (Rigo) Delgado, un trabajador de rehabilitación con cuadriplejia, que en abril del 2013, me invitó a visitar un “intercambio educativo” semanal que se facilita con los niños con discapacidad y sus familias en Culiacán, la capital del estado de Sinaloa, México. (Usted puede leer la historia de Rigo en nuestro Boletín #68 . El día que visité Rigo él me pidió consejo sobre un niño de nueve años de edad, Ramón Ayala, que era prácticamente ciego.

Doctor Alvarez examina a Ramón
Doctor Alvarez examina a Ramón

Acurrucado entre sus padres, el niño parecía infeliz e inseguro. Llevaba lentes muy gruesos que hacían que sus ojos se vieran muy grandes. Sus padres explicaron que su hijo había nacido con cataratas congénitas (opacidad de las lentes) y también estrabismo (bizco).

A través del Seguro Social (el programa de seguro de salud del gobierno) el niño había recibido tres cirugías. Inicialmente los médicos habían planeado insertar lentes intraoculares a los ojos, con la esperanza de que esto le daría más o menos la vista normal. Los lentes opacos en sus ojos habían sido retirados, pero los médicos luego les dijeron que los riesgos eran demasiado grandes para una cirugía mayor. En su lugar, le dieron gafas externas para cataratas que ahora llevaba puesta, y éstas lo dejaron legalmente ciego. Sin embargo, los “riesgos” expresados por los médicos nunca fueron especificado claramente, ya sea a los padres o en la historia clínica.

Ramón podía ver sólo imágenes muy borrosas. En la escuela era incapaz de leer bien la pizarra o sus libros, y su manera de moverse fue por el sentir. Los anteojos “botella de Coca-Cola” le causaban mareos y náuseas. Y peor aún, algunos de sus compañeros de clase se burlaban de él y le pusieron sobrenombres como “búho” o “Marciano”.

Ramón Ayala
Ramón Ayala, con sus gafas de lechuza

¿Qué crees que podría ser posible para el niño?” Rigo me preguntó. “El Seguro Social aquí en Sinaloa esencialmente dice que no se puede hacer nada más”.

Sabía que en el Seguro Social, el programa nacional de seguro de salud, los costosos procedimientos que están clínicamente indicados – incluso los que potencialmente puedan salvar vidas – no se realizan, al parecer por razones económicas.

Por lo tanto, le contesté, “Creo que necesitamos una segunda opinión de un oftalmólogo independiente, uno que sea de confianza total.”

El primero que me ocurrió contactar fue al Dr. Miguel Ángel Álvarez, a quien conozco desde que era un niño y que vivía en un rancho en la sierra de Sinaloa, México. De hecho, su educación había sido patrocinada por el programa de salud del pueblo que ayudé a establecer: desde la escuela secundaria hasta la escuela preparatoria, y luego a la escuela de medicina. No sólo era Miguel Ángel un oftalmólogo de primera clase, era muy amigo mío.

El único obstáculo era que el Dr. Álvarez trabajaba en Ciudad Obregón, en el estado de Sonora, donde es profesor en una de los principales centros de formación y referencia de hospitales del país. El viaje en transporte de Culiacán a Ciudad Obregón es todo un día.

A pesar de la distancia, esa noche hice una llamada a Miguel Ángel. Cuando le hablé de Ramón se rió y dijo: “¡Asombroso que me llamaste en este momento! Por pura casualidad este mismo fin de semana voy a estar en Culiacán para visitar a mis padres, que no se encuentran de buena salud, y me encantaría poder examinar al niño y evaluar lo que se podría hacer por él. Por favor tengan su historia clínica completa”.

Rigo (en silla de ruedas) arregló para que el Dr. Miguel Ángel examinara a Ramón en la casa de la hermana de Rigo en Culiacán
Rigo (en silla de ruedas) arregló para que el Dr. Miguel Ángel examinara a Ramón en la casa de la hermana de Rigo en Culiacán

Así que tres días más tarde, con Rigo como intermediario, el Dr. Miguel Ángel Álvarez hizo una evaluación a fondo de los ojos de Ramón, su historial médico, cirugías realizadas y los resultados.

Poco después me llamó para reportar sus conclusiones. “Creo que el chico Ramón es un excelente candidato para trasplantes intraoculares”, dijo. “No parece que existan contraindicaciones, y con esos lentes internos su visión debe mejorar enormemente. Si su familia lo puede traer a Obregón, yo mismo estaría feliz de hacer el procedimiento. “El costo de su bolsillo, explicó, sería mínimo”. Debido a que la familia de Ramón tiene Seguro Social, y como el Dr. Álvarez hace regularmente la cirugía ocular para el Seguro Social en Obregón, tenía confianza de que los costos principales del procedimiento estarían cubiertos. El mayor costo que normalmente no está cubierto por Seguro Social serían los lentes intraoculares. En México estos son bastante caros. Pero Miguel Ángel esperó que de alguna manera u otra esto se pudiera arreglar.

El Dr. Álvarez examina los ojos de Ramón sin sus lentes puestos
El Dr. Álvarez examina los ojos de Ramón sin sus lentes puestos…

Yo estaba muy contento por la evaluación de Miguel Ángel y su disposición a ayudar. Le expliqué a la familia que el Dr. Álvarez es uno de los mejores cirujanos oculares en México, y que yo confiaba en él por completo. Tanto Ramón y sus padres habían restablecido sus esperanzas. La decisión fue tomada para proceder.

... y con ellos
… y con ellos

Pero todavía había un montón de obstáculos por delante. Arreglar todo para la cirugía en Obregón tomó más tiempo de lo que nosotros esperábamos. Por ejemplo, hubo complicaciones en la transferencia de la cobertura del Seguro Social de un estado a otro, en parte debido al hecho de que en Sinaloa habían decidido en contra de cirugía adicional.

Inesperadamente, también encontramos con la desaprobación de la cirugía por la fundación caritativa en Holanda para quien Rigo y yo somos mediadores. Durante años, Stichting Liliana Fonds ha ayudado a financiar las necesidades de rehabilitación y quirúrgicas de los niños discapacitados para quienes nos solicitan ayuda. Así que Rigo y yo escribimos al coordinador latinoamericano de la fundación, hablándole de Ramón y las perspectivas de su cirugía de los ojos por medio del Dr. Álvarez. Pedimos la ayuda de la fundación por el costo de los lentes intraoculares. Después de un retraso considerable, la coordinadora contestó diciendo que había discutido la cirugía propuesta con sus superiores. Su respuesta fue que las cataratas en los niños son poco frecuentes y que la cirugía podría ser riesgosa. Así que recomendó en contra de los trasplantes, y no estaban dispuestos a ayudar a cubrir los costos.

Ocurrieron una serie de retrasos y obstáculos y pasaron varios meses, empecé a temer que a pesar de la buena voluntad, la cirugía para Ramón no podría llevarse a cabo. Sin embargo, Miguel Ángel estaba firme con su compromiso. Él nos aseguró que todo iba a estar arreglado en su debido momento. Él personalmente realizará la cirugía … y la probabilidad de buenos resultados era alta.

Si otra persona nos hubiera expresado lo mismo con tal confianza, yo habría tenido mis dudas, pero el optimismo inquebrantable de Miguel Ángel mantuvo nuestras esperanzas. Lo conozco desde hace 35 años, desde su infancia, y he sido testigo en varias ocasiones su firmeza en la superación de los obstáculos y lograr enormes desafíos.

Permítanme ofrecerles lo más destacado de su historia:


Sueño de niño de Miguel Ángel

Miguel Ángel ayudaba a su padre a juntar sus chivos
Cuando era niño Miguel Ángel ayudaba a su padre a juntar sus chivos en las faldas de la Sierra Madre

En el verano de 1977, un joven entró en la clínica de Piaxtla en el pueblo de Ajoya. Se quedaba en silencio cerca de la puerta, esperando que alguien se diera cuenta. Él era un joven con su piel de morena oscura y rasgos indígenas. Sus ojos negros brillaban con curiosidad. Parecía que tenía más o menos 12 años.

Curiosamente, yo no lo reconocí, lo que era inusual ya que conocía a casi todos los niños en el pueblo.

¿Te conozco?”, le pregunté.

No lo creo”, dijo el niño. “Pero yo te conozco. Mi madre me llevó a la clínica hace unos años. Tenía grandes gusanos rosados ​​en mi caca. Me curó”.

¿Dónde vives?”, le pregunté.

En El Tule. A dos kilómetros de aquí. Allá arriba en la sierra. Todos los días durante los últimos seis años he bajado a Ajoya para ir a la escuela”.

Usted debe ser un hijo de Santiago, el hombre de las cabras”.

Sí señor”, dijo. “Miguel Ángel es mi nombre”.

Al igual que el famoso escultor griego”, le dije. “¿Qué puedo hacer por ti?”

Él me miró a los ojos intensamente. “¿Es cierto que cuando un joven quiere seguir con la escuela, pero su familia no puede pagar, el programa de salud le ayuda?”

No”, le dije, “Generalmente no. Pero háblame de ti”.

Dijo que se acababa de graduar de la escuela primaria – en el pequeño pueblo de Ajoya no había escuela secundaria – como primero de su clase. Quería ir a la secundaria, pero la escuela más cercana estaba en San Ignacio, a 23 kilómetros de distancia, y su familia no podía permitírselo.

¿Por qué estás tan ansioso por continuar con la escuela”, le pregunté.

Se encogió de hombros. “Me gusta aprender cosas. Quiero hacer algo con mi vida. Algo más que pastorear cabras”.

Si se va a ir a la escuela secundaria en San Ignacio, ¿tienes algún pariente con que podrías quedarte durante la semana?”

Tengo una tía”.

¿Te permitirá vivir con ella? Tal vez si le ayudas con trabajos en la casa?”

No lo sé. Yo apenas la conozco”.

¿Por qué no le preguntas a ella? Si está dispuesta a darte de comer y, creo que sí podríamos encontrar el poco de dinero que se necesita para pagar la matrícula, comprar libros y cubrir los demás gastos imprevistos”.

¿En serio?!”, exclamó. Su rostro se iluminó. “Le voy a preguntar mañana”.

A la mañana siguiente el chico salió de El Tule antes del amanecer. Él caminó y corrió los 23 kilómetros hasta San Ignacio, habló con su tía, y luego regresó a pie a Ajoya. Eran las 9 de la noche cuando él tocó a mi puerta.

Alzando las manos hacia el cielo, grito, “¡Ella me dijo que sí!”

Miguel Ángel Manjarrez (izquierda, 14 años) enseña a Miguel Ángel Álvarez (13 años) cómo perforar y llenar los dientes
Miguel Ángel Manjarrez (izquierda, 14 años) enseña a Miguel Ángel Álvarez (13 años) cómo perforar y llenar los dientes

Así fue que Miguel Ángel comenzó la escuela secundaria. El equipo de salud comunitario llegó a un acuerdo con él en que, a cambio de ayuda con sus gastos de escolaridad en San Ignacio, los fines de semana que regresara a Ajoya ayudaría en la clínica. Miguel Ángel cumplió con el acuerdo, de buena fe, y, en el proceso, aprendió mucho sobre la atención de salud en la comunidad. Llegó a dominar todo tipo de habilidades: de vacunar a los niños, a la construcción de letrinas, de tomar el peso de los bebés, a aconsejar a las madres sobre el crecimiento y nutrición de sus hijos. Aprendió a coser heridas, a enyesar, e identificar diferentes parásitos intestinales con un microscopio. De otro joven aprendiz, aprendió a sacar dientes, taladrar y llenar los dientes picados, y tocar la guitarra.

La mente de Miguel Ángel era una esponja. Estudió mi libro Donde No Hay Doctor de principio a fin. Cuando la gente comenzó a pedirle consejo médico, él les ayudaba a que buscaran en el libro. Ellos apreciaban su interés en ayudar a los demás y la forma sencilla de cómo él explicaba las cosas. Poco a poco, el joven se convirtió en un promotor de salud bastante capaz.

Miguel Ángel de niño
Miguel Ángel de niño

Cirugía del ojo. Una de las experiencias más difíciles para Miguel Ángel en la Clínica de Ajoya fue cuando él ayudaba al Dr. Rudolf Bock, un oftalmólogo de Palo Alto, California, que vino a hacer la cirugía ocular en el centro de salud del pueblo de Ajoya. Con tantas personas ciegas que necesitaban cirugía para restaurar la vista, el Dr. Bock necesitaba todas las manos capaces que pudiera conseguir. Miguel Ángel se lanzó con entusiasmo en pruebas de visión para la gente, manteniendo la linterna para iluminar las cirugías, entregando los instrumentos adecuados al médico cuando fuera necesario, y vendar los ojos recién operados. El cirujano rápidamente se dio cuenta que Miguel Ángel tenía un interés genuino, una mente aguda, y notable habilidad con sus manos.

Poco a poco el doctor le enseñó al niño las habilidades cada vez más complejas y le dio responsabilidades más sofisticadas, tales como la medición de la presión intraocular de los ojos de pacientes. En la tercera visita quirúrgica del Dr. Bock a Ajoya, reclutó a Miguel Ángel como su asistente quirúrgico. Y en su cuarta visita, le enseñó a realizar algunos de los procedimientos quirúrgicos más sencillos, tales como la remoción de pterigión. Pterigión, llamado “carnosidad” por la gente, es una formación de tejido carnoso que crece lentamente sobre la superficie del ojo, como resultado de la exposición a largo plazo a la luz solar y el polvo. Si no es tratada, puede cubrir la pupila y causar ceguera. En los pueblos de montaña, carnosidad es la causa más común de ceguera, seguido de la catarata.

Así fue que Miguel Ángel, que ya era un dentista secundario a los 13 años, se convirtió en un cirujano ocular a los 15. Así que tuvo un comienzo temprano de lo que se convertiría en la profesión de su vida.

El núcleo del equipo de salud comunitaria a mediados de 1970.
El núcleo del equipo de salud comunitaria a mediados de 1970. Miguel Ángel se encuentra en el centro con la mano en el hombro de David.

Miguel Ángel se graduó de la escuela secundaria después de sólo tres años y como primero de su clase. Luego trabajó durante un año en la Clínica de Ajoya, y allí iba acumulando habilidades y se hizo un promotor de salud. Un maestro innato, pronto se convirtió en uno de los principales facilitadores de los cursos de capacitación para los nuevos promotores de salud. Como tenía raíces campesinas, Miguel Ángel tenía una buena comprensión de los problemas sociales, económicos y políticos subyacentes de la mala salud. Ayudó a sus compañeros para analizar estas causas fundamentales y adoptar medidas colectivas para superarlas.


Teatro Campesino para la Concientización y Acción Colectiva

Desde el sketch 'Los medicamentos que matar'
De la obra ‘Las Medicinas que Matan’

Uno de los métodos clave que Miguel Ángel utilizó para la concientización y la acción colectiva fue el teatro campesino.

Una parodia que él hizo con un grupo de personas –­ en que él actuó – se llamaba “Las Medicinas Que Matan”. Esta obra de teatro (que se ilustra en nuestro libro Ayudando a Promover la Salud) muestra cómo los médicos sin escrúpulos y charlatanes recetan medicamentos caros, innecesarios, y a veces peligrosos para la gente pobre, con el resultado de que las familias gastaban su limitado dinero en medicamentos inapropiados en vez de usarlo para comprar comida. Como resultado, los niños se ponían cada vez más desnutridos. Su resistencia a las “enfermedades de la pobreza” bajaba, y podían incluso morir. La obra mostraba dramáticamente cómo el uso excesivo y mal uso de los medicamentos podrían ser peligrosos para la salud.

En la obra “Las Medicinas que Matan” Miguel Ángel tomó el papel de promotor de salud que asesoraba a una pareja de ancianos en gastar su dinero limitado en alimentos nutritivos y no en soluciones intravenosas a base de azúcar, que se promovían como “vida artificial”.

En 'Las Medicinas que Matan' Miguel Angel actuó el papel del trabajador de la salud del pueblo
En ‘Las Medicinas que Matan’ Miguel Angel actuó el papel del trabajador de la salud del pueblo

Otra de las causas sociales subyacentes de la mala salud en que Miguel Ángel se involucró profundamente como trabajador de la salud adolescente fue en la tenencia de la tierra. Él y sus compañeros trabajadores de la salud ayudaron a educar y a organizar a los campesinos sin tierra sobre sus derechos constitucionales para la tierra. También les animó a exigir el acceso público al agua, como un derecho humano. Muchas de estas “luchas por la salud” les llevó a confrontaciones con la estructura local de poder político, los grandes terratenientes y autoridades corruptas.


‘Las Mujeres Unidas en Contra de la Borrachera’

la obra de teatro 'Unidas para Superar la Borrachera'
En la obra de teatro ‘Unidas para Superar la Borrachera’ todos los actores eran mujeres y niños, y las mujeres desempeñaron el papele de los hombres

El “activismo para una comunidad más saludable” de Miguel Ángel en una ocasión le hizo ser detenido y encarcelado. La protesta comunitaria que él ayudó a organizar, y que precipitó su detención, enfrentó a los problemas de salud y la violencia que resultan de la venta y el consumo excesivo de alcohol.

El alcoholismo en la Sierra Madre ha causado un impacto devastador en la salud de la gente, tanto directa como indirectamente. Directamente, a través de las aflicciones personales, causa una variedad de problemas de salud: de trauma físico y emocional a la cirrosis del hígado. Indirectamente, a través de la desnutrición que provoca en los niños cuyos padres gastan su dinero en alcohol, el consumo excesivo de alcohol contribuye a problemas de salud en los niños.

Debido a la alta frecuencia de la violencia y las muertes como resultado del alcoholismo de los hombres, la cantina en Ajoya fue cerrada por el gobierno municipal durante más de una década. Permaneció cerrada hasta principios de 1970, cuando el hijo del presidente municipal convenció a su padre para que abriría la cantina nuevamente.

Teatro de Granja de Trabajo presenta: 'Las Mujeres Unidas en Contra de la Borrachera'
Teatro de Granja de Trabajo presenta: ‘Las Mujeres Unidas en Contra de la Borrachera’

Mientras que la reapertura de la cantina fue celebrada por muchos de los hombres, muchas mujeres se molestaron. Conocían bien los peligros del alcohol, no sólo de la violencia física y doméstica, sino también de la escasez de alimentos y el hambre.

Fue aquí que Miguel Ángel tuvo un papel clave en la movilización de las mujeres para que ellas confrontaran el problema. Él trabajó con un grupo de mujeres y niños para hacer una obra teatral popular titulada: “Las Mujeres Unidas en Contra de la Borrachera”. La obra no sólo mostró los problemas drásticos y a veces mortales resultantes del alcohol, también exploró la acción unida que las mujeres del pueblo pudieran tomar para protestar y tal vez clausurar la cantina.

Como resultado de esta acción el presidente envió la policía a Ajoya para detener a Miguel Ángel y a un maestro de la escuela primaria. Ellos fueron llevados a San Ignacio y detenidos en la cárcel.

Las mujeres, con sus hijos, protestaron fuera de la cárcel con carteles
Las mujeres con sus hijos protestando afuera de la cárcel con pancartas que decían SALUD SI, CANTINA NO y NO QUEREMOS CANTINA, QUEREMOS FUENTES DE TRABAJO

Esto dio lugar a que las mujeres en Ajoya tomaran medidas más firmes. Ellas fueron en camionetas hasta San Ignacio e hicieron un plantón afuera de la cárcel, exigiendo la liberación de sus “presos políticos”. Alzaron pancartas que decían: “NO QUEREMOS CANTINA, QUEREMOS TRABAJOS”.

La manifestación continuó hasta que los presos fueron liberados. Pero Miguel Ángel se negó a salir de su celda hasta que se le dio una declaración por escrito, ya sea nombrando por qué delito había sido arrestado, o declarando que había sido detenido sin cargos. Con las mujeres clamando afuera, las autoridades finalmente le dieron una nota indicando este último (en libertad sin cargos). Con esta nota, Miguel Ángel y un grupo de mujeres viajaron a Culiacán, la capital del estado, y solicitaron una audiencia con el Gobernador. El resultado fue que el gobernador reprendió al presidente municipal por abuso de poder, y ordenó que la cantina se cerrara.

La historia de la acción de las mujeres en Ajoya fue publicada por los periódicos estatales. Como resultado, las mujeres en varias otras ciudades en Sinaloa tomaron medidas similares para cerrar las cantinas en sus comunidades.


Volver otra vez a la escuela

Mientras que Miguel disfrutó de su papel como promotor de salud del pueblo, e hizo una gran contribución de muchas maneras, él estaba firme en continuar sus estudios con el sueño de algún día llegar a ser médico, y si fuera posible, un cirujano ocular.

Después de un año con el programa de salud Piaxtla en Ajoya, ya que terminó de la escuela secundaria, se hicieron arreglos para que estudiara en una Preparatoria. Esto lo hizo en la Ciudad de México, donde un artista amigo nuestro, Emile Nava, generosamente le dio alojamiento y comida gratis. Una vez más, Miguel Ángel se graduó como primero de su clase.

Al terminar la Prepa, Miguel Ángel pasó otro año ayudando en el Programa de Salud de Piaxtla, y luego aplicó a la escuela de medicina del estado de Sinaloa en Culiacán. Sin embargo, muchos de sus amigos eran escépticos. Aunque apreciaban las habilidades y la determinación del joven, no podían imaginar que alguna vez llegaría a ser médico. Para ellos parecía imposible que uno de ellos, un campesino humilde, pudiera hacerlo. Sólo la gente de clase alta de las ciudades tenían la inteligencia para convertirse en médicos reales.

Pero Miguel Ángel les demostró lo contrario. No sólo terminó los cinco años de la escuela de medicina como primero de su clase, sus compañeros lo eligieron para hacer la presentación para la graduación.

Cuando llegó el día de la gran ceremonia, todos los que se iban a graduar se presentaron vestidos con trajes elegantes. Pero no Miguel Ángel. Cuando entró en el escenario para dar la presentación de la graduación, todo el mundo se quedó asombrado. El joven estaba vestido, no como un médico recién graduado, sino como un campesino. Llevaba pantalones de mezclilla, huaraches, un sombrero de paja y una camisa atada con un nudo en la parte delantera. Hizo una pausa antes de comenzar a hablar. Por último, la gente se quedó en silencio y solo se quedaron mirando. ¿Cómo se atreve?

Miguel Ángel no leyó de sus notas como había planeado, sino que improvisó su discurso y desafió a sus compañeros de estudios–y a sus profesores–a trabajar para el pueblo, no por el dinero. Criticó las enormes desigualdades en México, tanto en la riqueza y la salud, también el hecho de que la mayoría de los médicos trabajan en los barrios urbanos ricos, en lugar de los barrios pobres y áreas rurales donde las necesidades son mayores. Él condenó la actitud de superioridad de los médicos que piensan que merecen mayores ingresos y un mayor respeto de los campesinos que cultivan sus alimentos. “La mayoría de la gente puede vivir bastante bien sin medicamentos”, señaló. “¡Pero nadie puede vivir sin comida!”

Enfatizó lo importante que los médicos – para su propio bien, así como para el bien de los demás – trataran a aquellos que sirven como iguales y como amigos, como personas y no como “pacientes”.


La formación de posgrado en Oftalmología – y la especialización en cirugía de cornea

Miguel Ángel como un joven médico
Miguel Ángel como un joven médico

En México, después de terminar la escuela de medicina, los médicos están obligados de pasar un año de servicio público, por lo general trabajando en un centro de salud del gobierno en un barrio o pueblo pobre. Miguel Ángel solicitó y obtuvo que hiciera su servicio en Ajoya, donde trabajó estrechamente con el equipo de Piaxtla y los trabajadores de la salud.

Después de terminar su año de servicio en un pueblo cerca de Ajoya, continuó trabajando con el programa de salud en Ajoya durante casi dos años. Fue acompañado por su nueva esposa, Ana Luisa, que había sido compañera de estudios en la escuela de medicina.

Pero el gran sueño del doctor joven era especializarse en oftalmología y convertirse en un cirujano ocular. Con sus destacadas calificaciones en la escuela de medicina y excelentes recomendaciones de sus profesores, fue aceptado en el Departamento de Oftalmología de la Facultad de Medicina en Guadalajara.

Miguel terminó su residencia en oftalmología con gran éxito, como el mejor de su grupo, y comenzó a hacer planes para especializarse aún más en la cirugía de cornea en la Ciudad de México.

Pero para su gran decepción no fue admitido. El rechazo no tenía nada que ver con sus calificaciones o habilidad, que eran excepcionales. Más bien, fue al parecer rechazó debido a su origen humilde, su piel oscura, y la falta de un prestigioso linaje. En la ciudad de México, los mejores oftalmólogos pertenecían a un club de elite de la clase alta de descendencia española. Ellos no estaban dispuestos a aceptar en sus filas a un campesino con rasgos indígenas, independientemente de sus calificaciones académicas. Miguel Ángel, junto con sus profesores de Guadalajara, tocaron las puertas en vano.

Fue entonces que un oftalmólogo de Palo Alto, California, el Dr. Lee Shahinian, vino al rescate. El Dr. Shahinian, como el Dr. Bock antes que él, había hecho varios viajes a Ajoya para realizar cirugías gratuitas a campesinos con problemas en los ojos. Él había quedado muy impresionado por las aptitudes y actitud del joven trabajador de la salud, que ya había aprendido a hacer la cirugía ocular sencilla (extirpación del pterigión), bajo la dirección del Dr. Bock. Lee, por su parte, tuvo a Miguel Ángel bajo su ala y le enseñó habilidades adicionales. Los dos se hicieron amigos íntimos.

Cuando Miguel Ángel fue rechazado para hacer su residencia de cirugía de cornea en la Ciudad de México, el Dr. Shahinian habló con un colega en Tucson, Arizona, quien era un reconocido cirujano de córnea mundialmente. Al principio su colega tenía dudas, pero cuando empezó a trabajar con Miguel Ángel, pronto se dio cuenta de que el joven era excepcional, y lo tomó como su protegido personal. Él enseñó a Miguel Ángel los últimos procedimientos para la cirugía de cataratas, transplante de córnea, y muchas otras operaciones con tecnología de última generación. Pero la logística legal era un desafío. Debido a que Miguel Ángel no tenía licencia para ejercer la medicina en los Estados Unidos, tomaron en sus manos la práctica quirúrgica en una pequeña clínica de ojos en Nogales, México, en el lado mexicano de la frontera, a sólo una hora al sur de Tucson.

Con el tiempo, Miguel se convirtió en un cirujano ocular en la clínica de Nogales. Después de terminar su formación en la especialidad, abrió su propia clínica pequeña en Nogales, donde trabajó durante más de dos décadas. También se dedicó a la formación de otros oftalmólogos mexicanos en los métodos quirúrgicos avanzados de catarata y cirugía de cornea que él había aprendido en Tucson. Tanto sus habilidades quirúrgicas como su docencia eran muy aclamadas, y en 2011 se convirtió en profesor titular de oftalmología y cirujano especializado en un famoso hospital en Ciudad Obregón.


La cirugía del ojo de Ramón Ayala

Ramón después de recibir su trasplante intraocular
Ramón después de recibir su trasplante intraocular

Pasaron varias semanas después de que se dieron los primeros pasos para despejar el camino para que el Dr. Miguel Ángel Álvarez pudiera operar a Ramón Ayala. La elaboración de la logística para trasladar el seguro de salud del Seguro Social de un estado a otro resultó ser una tarea compleja y difícil. Y la falta de apoyo de una fundación creó barreras económicas adicionales. Pero a través de todos estos obstáculos, Miguel Ángel permaneció tranquilo y seguro de que todo saldría bien. Y, por supuesto, después de un par de meses, las piezas del rompecabezas comenzaron a caer en su lugar. No sólo Miguel Ángel convenció a la sede del Seguro Social en Obregón a un acuerdo para cubrir los costos de los procedimientos, también los convenció para cubrir el costo de los lentes intraoculares, algo que rara vez ocurre. Y sorprendentemente, después de más correspondencia con la Fundación Stichting Liliane Fonds, ellos aceptaron ayudar con los viáticos hacia y desde Ciudad Obregón.

Al final, todo salió sorprendentemente bien. Ramón y sus padres fueron transportados a Obregón, un estudio diagnóstico médico final se hizo, y en enero del 2014 Miguel Ángel realizó el procedimiento más moderno, mínimamente invasivo para insertar un lente intraocular en el ojo dominante de Ramón.

Un par de días más tarde, Miguel Ángel me envió un correo electrónico con los resultados de la cirugía. Él dijo: “¡Qué maravillosa experiencia que era, tanto para mí como para Ramón, cuando quité el vendaje el día después de la operación. El chico estaba bailando! Él gritó, “¡Puedo ver! Puedo ver todo!” “Para mí esta es mi recompensa por los largos años que había puesto en estudio y formación. Fue mi mayor alegría!”

Un mes más tarde, en Febrero Miguel Ángel operó el otro ojo de Ramón. Los resultados fueron igualmente exitosos. Ramón y sus padres regresaron a su casa en Culiacán.

La cirugía más importante fue realizada y Ramón tenía una buena visión. El único procedimiento que quedó por hacer era para el estrabismo, para alinear sus dos ojos en la misma dirección. En comparación con la cirugía de cataratas, se trataba de una intervención relativamente sencilla, y la recomendación inicial de Miguel fue que un cirujano ocular en Culiacán realizara la operación.

Ramón con su hermana
Ramón con su hermana – y con una nueva visión para el futuro

Sin embargo, las cosas habían ido tan bien hasta ahora que yo no quería correr ningún riesgo. En México hay excelentes cirujanos, altamente competentes. Pero hay otros que son tan incompetentes que no se les debería permitir la práctica. Por lo tanto, le dije a Miguel Ángel que me sentiría más feliz si él haría la cirugía de estrabismo de Ramón él mismo. Y él estuvo de acuerdo.

Ramón puede ahora mirar hacia adelante en su vida con claridad y esperanza.