Boletín de la Sierra Madre #67, Diciembre 2010

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Hijos de la luna

Un refugio para los hijos de sexoservidoras en Oaxaca, México

Por David Werner. Traducido por Dolores Mesina
Los niños de la Casa Hogar, a pesar de sus antecedentes, demuestran mucho amor y cuidado entre ellos mismos.
Los niños de la Casa Hogar, a pesar de sus antecedentes, demuestran mucho amor y cuidado entre ellos mismos.

Después de la clausura del 2do Congreso Continental sobre Rehabilitación Basada en la Comunidad, realizado en el Estado de Oaxaca, México, en el mes de marzo de 2009, un amigo me llevó a visitar “El Refugio y Casa Hogar: Hijos de la luna”, en uno de los barrios más pobres de la ciudad. Lo que tuve el privilegio de observar ahí fue tan conmovedor y cálido que quise compartirlo en este boletín.

La Casa Hogar, en la cual se percibe el calor del acogimiento y bienvenida de un ambiente familiar hacia los niños que requieren ser cuidados y atendidos, es dirigida por una mujer de mediana edad llamada Socorro, quien proviene de una familia de clase modesta y trabajadora. Su nombre se ve apropiado, ya que socorrer significa rescatar. Cariñosamente la llaman “Coco”, como apodo, pero su nombre completo es María del Socorro Ramírez González.

Como muchas buenas iniciativas, Casa Hogar comenzó de manera espontánea y no planificada, como respuesta visceral a una necesidad extrema. Hace cuatro años una sexoservidora le pidió a Doña Coco que se hiciera cargo de manera temporal del cuidado de su hijo. Socorro, a quien le encantan los niños y es madre de 3 los cuales ya habían crecido, aceptó.

Doña Coco hizo un gran trabajo con el niño – y no tuvo prejuicio alguno hacia la madre del menor – lo cual se empezó a dar a conocer y difundir. Más sexoservidoras en situaciones difíciles comenzaron a traer a sus hijos. Actualmente, Coco cuida de casi 30 de esos niños, de edades comprendidas entre 6 meses y 12 años.

Doña Coco, quien también ha atravesado por momentos muy difíciles en su vida, tiene mucha comprensión y respeto por las madres de éstos niños. Ella sabe que la deficiencia en el cuidado que ellas tienen hacia los menores se debe en gran parte al degradante ambiente social en el que trabajan, y generalmente no por la falta de amor a sus hijos. Las sexoservidoras que piden el apoyo de Coco para sus niños, generalmente son pobres, víctimas de todo tipo de abuso, y algunas veces sin hogar. Muchas ya son mayores y poco atractivas, por lo que se les dificulta conseguir clientes. Otras, por el contrario, son jóvenes si acaso de 14 o 15 años. Algunas son “extranjeras ilegales” provenientes de Guatemala u otro país Centroamericano, quienes cruzan la frontera en busca de trabajo o con el sueño de poder llegar “Al Norte” (Estados Unidos). Pero se les acaba el dinero, son engañadas o las asaltan. Con hambre y en calidad de indigentes, terminan vendiendo sus cuerpos, con la esperanza de no quedar embarazadas. Repetidamente son golpeadas y denigradas, lanzadas a la calle después de haberse utilizadas y sin recibir un solo peso por sus servicios. Pero no se atreven a ir a la policía, especialmente las que son indocumentadas.

Además, con demasiada frecuencia la policía se aprovecha y toma ventaja de esa situación Incrementando los riesgos, pocas veces usan condón, pues la mayoría de los hombres prefieren hacerlo “al natural.” Y claro, cuando estas mujeres quedan embarazadas y tienen a sus hijos, sus problemas se multiplican.

Coco no culpa a éstas mujeres, ni a aquellas que han sido duras con sus hijos o negligentes. Mejor dicho, ella culpa a las injusticias de las instituciones que rechazan y marginan a los oprimidos, por lo que tienen que recurrir a medidas desesperadas para sobrevivir.

“De algunas maneras éstas mujeres tienen más dignidad y más amor que muchos de nosotros,” explica Coco. Señalando a una de sus niñas, dice, “La madre de esa joven estuvo sirviendo a sus clientes en su vivienda de una sola habitación mientras su hija dormía en un rincón de la misma. Pero cuando la niña cumplió 11 años, su madre sintió que no debía ser expuesta a tales cosas. No quiere darle un mal ejemplo a su hija. Ella quiere que crezca y conozca que otras posibilidades. Por eso la trajo aquí.”

La Casa Hogar está situada en un largo lote de tierra que había pertenecido al padre de Coco. Lo donó para el proyecto de su hija cuando ella empezó a cuidar más niños. Tenía una gran casa a la que le faltaba mantenimiento y que ha sido gradualmente convertida en un Refugio Comunal. Está decorado con pinturas coloridas y juguetes tan alegre como la mayoría de los centros que cuidan a niños, pero mucho más hogareño, y un tanto informal. El amplio patio exterior está provisto de resbaladeros de plástico, un parque infantil exterior y otros juegos. De cualquier manera, la jacaranda y otros árboles son claramente los lugares favoritos de los niños para jugar.

Doña Coco con algunos Hijos de la Luna en el desayuno. Ella los guía con su buen ejemplo de manera alentadora, de buen corazón.
Doña Coco con algunos Hijos de la Luna en el desayuno. Ella los guía con su buen ejemplo de manera alentadora, de buen corazón.

La Casa Hogar y Refugio está situado en un largo lote en un barrio pobre. Un camión descompuesto en el cual alguien había pintado “SOY FEO” – funciona como un magnifico juguete para los niños.

Entre semana los niños con edad escolar van a la escuela, y solamente los más pequeños se quedan en el refugio, entonces las cosas son un poco menos caóticas. De cualquier manera, cuando mi amigo Peter y yo llegamos a la Casa Hogar un sábado en la mañana, había niños por doquier, todos los 29. Y Doña Coco era el único adulto visible ahí.

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Hasta los niños de preescolar ayudan a cuidar de los niños más pequeños.

Asombrado, le pregunte a Doña Coco cómo se administraba para cuidar a tantos pequeños.

Se encogió de hombros y dijo, “Cuidan los unos a los otros.” ¡Y – maravilla de las maravillas – en una medida asombrosa, lo hacen!

Peter y yo llegamos bastante temprano en la mañana. Algunos de los niños se bañaban o se vestían, los grandes ayudaban a los pequeños. Una niña de 10 años estaba orgullosa cambiándole el pañal a un bebé. Niños de tan solo 5 o 6 años servían la comida o alimentaban a los que necesitaban ayuda.

Los niños más grandes cuidan de los pequeños, no porque se les exija o pida que lo hagan, sino porque ellos disfrutan ayudando.
Los niños más grandes cuidan de los pequeños, no porque se les exija o pida que lo hagan, sino porque ellos disfrutan ayudando.

La mayoría de los niños viviendo en la Casa Hogar fueron traídos voluntariamente por sus madres. Las gemelas son una excepción. Estas dos niñas de 3 años de edad, tienen un retraso psicomotor. Venían en muy mal estado de salud cuando llegaron. Su madre, padecía problemas de alcoholismo y depresión. Cuando salía por las noches a vender su cuerpo, dejaba a las gemelas encerradas en su choza. Para mantenerlas calladas las drogó con cerveza o mezcal. Finalmente, trabajadores sociales lo descubrieron y la policía se llevó a las niñas. Su madre fue internada en un centro de rehabilitación de adicciones y las gemelas se quedaron con Doña Coco. Después de 6 meses en el programa de rehabilitación la madre fue liberada. Ahora es miembro del grupo AA (Alcohólicos Anónimos). Al parecer, ya no usa alcohol ni drogas. Visita Hijos de la Luna con bastante frecuencia para pasar tiempo con sus gemelas, y disfruta ayudando en el refugio. Aprecia profundamente la manera en la que Coco y los niños toman tal amoroso cuidado de sus dos pequeñas niñas. La madre de las gemelas, como muchas otras que venden sus cuerpos, anhela el día en que encuentre otro trabajo, rehacer su vida, y llevar a sus pequeñas de vuelta a casa. Varias de las madres, después de dejar a sus hijos durante meses o años en la Casa Hogar, lo han logrado. Pero la mayoría permanecen atrapadas en tales circunstancias humillantes que consideran que es mejor dejar a sus hijos con Coco.

Las gemelas quienes tenían un severo retraso psicomotor cuando llegaron, han florecido bajo los cuidados y el apoyo de Doña Coco y otros niños.
Las gemelas quienes tenían un severo retraso psicomotor cuando llegaron, han florecido bajo los cuidados y el apoyo de Doña Coco y otros niños.

Panes y pescados

¿Cómo cubre los costos del refugio y alimenta a tantos niños Doña Coco? Claramente, dirige el lugar con poco dinero. Los niños se encuentran extraordinariamente limpios, están bien vestidos y bien alimentados. Pero no hay lujos. El mobiliario es sólo lo básico. El esposo de Coco y sus tres hijos, todos están comprometidos con la misión de ella, tienen sus trabajos y ayudan de la mejor manera posible.

Otra fuente de ayuda son las sexoservidoras. Coco mantiene una buena relación con las madres de los niños, de las cuales muchas contribuyen de diferentes maneras. Ellas son bienvenidas a la Casa Hogar a visitar a sus hijos y algunas vienen regularmente para ayudar a cuidar a los niños o con las labores domésticas. Todo es informal de algún modo como una gran familia, o un colectivo. Todo el mundo aporta buen humor, sin poses ni falsas expectativas.

Una niña cambiando los pañales de un recién llegado al refugio.
Una niña cambiando los pañales de un recién llegado al refugio.

Adicionalmente, Doña Coco ha desarrollado una pequeña y dedicada red de amigos, tanto locales como internacionales. Algunos donan dinero o equipo. Algunos voluntarios ayudan o enseñan a los niños. Mi amigo de 80 años de edad, Peter, ayuda de muchas maneras y encuentra una profunda satisfacción al hacerlo.

Niño-a-Niño en su mejor momento

Pese a que Doña Coco obtiene ayuda de una serie de fuentes, hay veces en las que ella es el único adulto presente con más de dos docenas de niños activos, de los cuales muchos tienen una historia de trauma y de privación. Pero de alguna manera se las arregla. Como buena mujer señala: aquellos que ayudan más con la prestación de cuidados y aseguran que se cumplan las necesidades de cada niño, son los mismos niños.

Benigno
Benigno

Benigno, un niño delgado de alrededor de 10 años, cuyo rostro mostraba signos de un pasado traumático, era excepcionalmente bueno con los niños que necesitaban ayuda, en particular con un niño de los más vulnerables llamado Luis. Me pregunté si le habían enseñado algunas de sus habilidades visitando al terapeuta. De todos modos, el ayudaba muy dulcemente a Luis a ponerse de pie y a dar sus primeros pasos, siempre dando el mínimo de ayuda los niños más pequeños logra que hagan su mejor esfuerzo por ellos mismos.

Pacientemente, Benigno ayuda a alimentar a uno de los niños más pequeños.
Pacientemente, Benigno ayuda a alimentar a uno de los niños más pequeños.

Después del desayuno fue hora de jugar al mismo tiempo fue hora de terapia para aquellos que lo necesitaban. Con niños jugando en el rol de terapistas, las líneas entre el juego y la terapia, entre dar y recibir la terapia, se desvanecieron y todos pasaron un buen rato. Estuve asombrado de cómo cariñosamente algunos de los niños un poco mayores ayudaron a los más pequeños. Nunca tuve la sensación de que el niño que estaba enseñando o cuidando a otro lo hiciera porque él o ella se sintiera obligado a hacerlo. Más bien, parecían encontrar regocijo apoyando a aquellos que tenían necesidades más grandes que otros.

Tenía que recordarme a mí mismo que éstos eran hijos de madres cuyas vidas fueron tan perturbadas que tuvieron que confiar a sus hijos a este centro de cuidados. La mayoría de estos niños vienen de un pasado traumático, disfuncional, y negligente. Por meses o incluso después de que algunos de los niños hayan estado en este ambiente de apoyo de la Casa Hogar, muchos aún tenían pesadillas.

El ejemplo de Luis

Luis, a quien su madre dejaba amarrado a la pata de la cama cuando salía a trabajar por las noches, fue diagnosticado con autismo.
Luis, a quien su madre dejaba amarrado a la pata de la cama cuando salía a trabajar por las noches, fue diagnosticado con autismo.

Un pequeño de 4 años de edad, Luis, se ve notablemente diferente al resto de los niños, es muy callado e introvertido, aparenta estar más desconectado que descontento, como si su alma se hubiese alejado y estuviera perdido. Cuando su madre tuvo que dejarlo en la Casa Hogar hace algunos meses, él no presentó interés por nada. No podía caminar, hablar ni comer por sí solo. Su madre atribuía esta situación a una caída que el menor tuvo, pero el doctor le diagnosticó autismo. Cuando su madre tenía que salir a las calles a trabajar y no había quien pudiera cuidar de él, lo dejaba amarrado de la pata de la cama.

En Los Hijos de la Luna es muy notable como Luis va mejorando, en gran parte gracias a la cariñosa y acogedora asistencia y ayuda que recibe de los otros niños, especialmente de Benigno.

Los niños se ayudan unos a otros con la terapia y los ejercicios. Aquí Benigno ayuda a preparase a Luis para caminar, mientras dos de las niñas hacen sus ejercicios
Los niños se ayudan unos a otros con la terapia y los ejercicios. Aquí Benigno ayuda a preparase a Luis para caminar, mientras dos de las niñas hacen sus ejercicios

Por ejemplo, para animar a Luis a caminar, el menor de 10 años, lo agarra de atrás de su sudadera, no sosteniéndolo, pero sí brindándole la seguridad de que lo detendrá en caso de que se empiece a caer.

Cuando él llegó a la Casa Hogar a los 3 años de edad, Luis no podía hablar, caminar o comer solo. Aquí la hija de Coco lo alimenta.
Cuando él llegó a la Casa Hogar a los 3 años de edad, Luis no podía hablar, caminar o comer solo. Aquí la hija de Coco lo alimenta.

Lo que más me ha impresionado de esto, es la manera tan gentil de apoyar y asistir al niño ya que a pesar de estar bajo su responsabilidad y cargo nunca se muestra exigente, lo cual quiere decir que su disposición viene realmente desde su corazón.

Este mismo espíritu caracteriza a los demás niños. Un poco más tarde, en el patio otro niño pequeño tomó la mano de Luis y pacientemente lo llevaba y lo traía.

Como resultado de todas éstas atenciones cargadas de amor. Luis ha tenido un gran progreso, tanto física como mentalmente. Ya puede agarrar y comer galletas él solo, ya tiene más curiosidad por saber qué ocurre a su alrededor. Y ha empezado a pronunciar algunas palabras. Pareciera que su alma encontró el camino de regresar a su cuerpo y a su mente.

Con la buena disposición de Benigno para ayudar a otros niños. Luis está aprendiendo a caminar.
Con la buena disposición de Benigno para ayudar a otros niños. Luis está aprendiendo a caminar.

Yo me pregunto si alguien más podría hacer que esto suceda con más amor y naturalidad que el amoroso cariño que tienen los niños que lo rodean.

Benigno ha aprendido como con el mínimo esfuerzo para apoyar a este jovencito logra que él haga su máximo esfuerzo por sí solo. Aquí sólo lo agarra de la capucha de su sudadera para transmitirle la confianza de que en caso de que se fuera a caer, no saldrá lastimado.
Benigno ha aprendido como con el mínimo esfuerzo para apoyar a este jovencito logra que él haga su máximo esfuerzo por sí solo. Aquí sólo lo agarra de la capucha de su sudadera para transmitirle la confianza de que en caso de que se fuera a caer, no saldrá lastimado.

Al haber estado en Hijos de la Luna, me pude percatar de que este grupo de niños ha sido el más feliz, cuidadoso y amoroso que yo jamás haya visto en algún otro lugar. El amor y la buena voluntad son contagiosos. Mucho de ello se debe al ejemplo liberadora de Doña Coco. Ella no da órdenes a los niños, ella los dirige y enseña con el ejemplo.

 

¿Somos los seres humanos intrínsecamente buenos o malos?

Recordaré mi visita a la Casa Hogar Hijos de la Luna mientras el reloj de mi vida siga caminando.

La última vez que estuve tan  profundamente inspirado en un entorno liberador tan similar para niños en desventaja, fue hace como 50 años, cuando yo andaba en mis 20´s, en el Sur de la India. Fue entonces que visité una Escuela Nai Talim (Nueva Educación) para Dalit (los intocables) niños en la India. Ellos proporcionaban un enfoque alternativo para el aprendizaje. Esta era la “Pedagogía del Oprimido” mucho antes que la de Paulo Freire. Fundada en los principios de solidaridad trabajando juntos para lograr el bien común, que fue iniciado por Mahatma Gandhi en su lucha por liberar a su pueblo, no sólo del yugo de la dominación colonial sino de  las desigualdades crueles del sistema tradicional de castas.

Visitar una isla en donde abundan los sentimientos de compartir y la compasión como en Hijos de la Luna en esta era global de la disfunción, realmente nos abre los ojos. Es un verdadero oasis en medio de un desierto de problemas en el cual la humanidad está muriendo de sed de justicia social. Esto nos da una idea de la clase de mundo en el que podríamos vivir si hubiese menos culpa y codicia y un poco más de bondad y amor.

Quienes visitan Hijos de la Luna se contagian del espíritu comunitario y gozan ayudando en lo que pueden. Aquí mi amigo Peter Morris, quien me trajo a Hijos de la Luna, ayudando a alimentar a un infante.
Quienes visitan Hijos de la Luna se contagian del espíritu comunitario y gozan ayudando en lo que pueden. Aquí mi amigo Peter Morris, quien me trajo a Hijos de la Luna, ayudando a alimentar a un infante.

Existen dos teorías fundamentales sobre la conducta humana, una es la que habla de que las personas son intrínsecamente buenas y aprenden a ser malas. La otra habla de que las personas son intrínsecamente malas o brutales y deben aprender y ser obligados a comportarse bien.

Los niños se ayudan entre sí con responsabilidad y de forma natural, siguiendo el ejemplo de amor de Doña Coco.
Los niños se ayudan entre sí con responsabilidad y de forma natural, siguiendo el ejemplo de amor de Doña Coco.

El Judaísmo y el Cristianismo que enseñan la historia de la desobediencia del hombre a los mandatos de Dios (el pecado original) y su expulsión del Jardín del Edén, han fomentado la idea de que la humanidad es intrínsecamente mala y básicamente egoísta.

Desde la infancia se les enseña a las personas a sentir vergüenza de su propio cuerpo y culpables por sus deseos. Sus sentimientos “bestiales” deben ser disciplinados o sublimados, para que se conviertan en miembros responsables y solidarios de una sociedad civilizada. Desde esta perspectiva, la vida es una cinta-rodante sin fin, en la cual nos esforzamos por superar lo malo en nosotros mismos y en los demás. Se inculcan una auto-imagen muy necio desde el día que nacimos. Este auto-imagen degradante de toda la población puede explicar en gran parte porqué en nuestra cultura se predomina tanto la agresión, autocracia, codicia y violencia.

En el patio del Hogar hay un montón de juguetes, resbaladeras, un parque al aire libre. Pero lo que más atrae a los niños son los árboles, en los cuales se trepan y ponen a prueba sus destrezas, y desarrollan juntos sus capacidades y espíritus libres.
En el patio del Hogar hay un montón de juguetes, resbaladeras, un parque al aire libre. Pero lo que más atrae a los niños son los árboles, en los cuales se trepan y ponen a prueba sus destrezas, y desarrollan juntos sus capacidades y espíritus libres.

Con la escalada de la tecnología de explotación, este impulso hacia la dominación en lugar de la cooperación ha puesto la vida de nuestro planeta en peligro.

En contraste, la gente como Gandhi, Buda y Cristo, creían en el poder del amor. Ellos creían en la bondad intrínseca de las personas: que la bondad engendra bondad, y que el amor engendra amor. Para ellos, el egoísmo, la codicia y la agresión – tal como el sentir vergüenza por nuestro propio cuerpo y algunas de sus funciones naturales — no eran algo con lo que hayamos nacido, sino algo que hemos aprendido. Y por lo mismo, algo que se pueden descartar a través del amor, lo cual es el mayor y natural sentimiento humano.

Pero hoy en día, en un mundo tan problemático, es la teoría sociológico más oscura la que prevalece. Si nuestra naturaleza humana es egocéntrica y mala, entonces debemos ser vigilados. Nosotros debemos aprender a suprimir nuestros deseos y controlar nuestra maldad y malicia.

Diferentes niños esperan su turno para ser el “terapista junior” de Luis.
Diferentes niños esperan su turno para ser el “terapista junior” de Luis.

Esta visión de la realidad humana nos lleva a creer que necesitamos de nuestro sistema legal punitivo y de las jerarquías sociales opresivas. El resultado de la lucha por el dominio dentro y entre las jerarquías ha fortalecido el círculo vicioso de guerra y odio, el adquisitivismo material, la estratificación sociopolítica, el desequilibrio ecológico, la escalada de la represión, la demonización de la desviación, y el control social cada vez más autoritario que hoy están conduciendo a la humanidad al borde de la extinción.  Es hora de que despertemos tanto de manera individual como colectiva.

¿Pero, realmente existe una esperanza para la humanidad? ¿Es nuestra naturaleza intrínseca de una verdadera convivencia social? ¿Realmente somos capaces de amar al prójimo como a nosotros mismos?

Ser testigo de lo que está sucediendo en el Hogar Hijos de la Luna renueva mi esperanza para la humanidad. Aquí hay un grupo de niños que vienen de circunstancias muy difíciles, que han sufridos los “daños colaterales” de una sociedad que margina y explota a los más vulnerables. Sin embargo, cuando se les coloca en un entorno lleno de amor, sin prejuicios, con un una cuidadora excepcional que los atienda con compresión y cariño, la verdadera naturaleza y bondad de los niños se levanta a un primer plano. Así descubren, adentro de sus emociones naturales, la alegría en dar de sí mismos, y la felicidad de ayudar a otros.

Ellos alcanzan ese sustrato de instinto que nos hace seres sociables: que sabemos muy adentro, que todos estamos conectados. Y que dar es recibir.

Esto, después de todo, es de lo que se trata el amor. Si tan solo la humanidad pudiera volver a descubrir el espíritu de unidad y bondad que es intrínseco a nuestra naturaleza colectiva, que reside en nuestro cuerpo y alma desde el día en que nacemos, tal vez podríamos ver más allá de las estructuras autoritarias y jerárquicas que nos dividen artificialmente, y encontrar de manera incluyente y sustentable, el camino para salir adelante. ¡¡¡Hurraaaa por los Hijos de la Luna!!!

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Los Niños que viven en Hijos de la Luna son un ejemplo inspirador de la experiencia “Niño-a-Niño” como un proceso liberador. Nos muestra que cuando los niños son criados sin avergonzarlos, brindándoles confianza, amor y dándoles la libertad de ser ellos mismos, la naturaleza de su buen corazón florece.

En un entorno de este tipo ellos tienen la facilidad de conocer su propio potencial como agentes de cambio para un mundo más justo, más amable.

Donativos a Casa Hogar Hijos de la Luna se pueden hacer por PayPal al correo electrónico: contacto@hijosdelaluna.org, o por transferencia bancaria dirigida a:
Casa Hogar Hijos de la Luna de Oaxaca,
A.C. No. de cuenta 0165639298 BBVA Bancomer,
S.A., ABA 121000358 / SWIFT BCMRMXMMPYM

 


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